Los Tejos del Cerezal


    La agrupación de Los Tejos de El Cerezal, especie muy escasa, es la mejor conservada de Extremadura. En Extremadura apenas quedan unos 230 tejos distribuidos por las Hurdes, Valle del Ambroz, Valle del Jerte y La Vera (zona norte), lo que ha motivado su catalogación como especie en peligro de extinción dentro de la región. Esta especia de árboles fue reverenciada por los druidas, la casta sacerdotal del pueblo celta, quienes consideraban al tejo un árbol mágico con el que elaboraban sus ungüentos y realizaban conjuros. Además, con sus ramas fabricaban bastones “mágicos” y con palillos de este árbol predecían el futuro.

    Localización
    La mejor manifestación de esta especie en Extremadura se encuentra en el término municipal de Nuñomoral, concretamente en El Cerezal, en pleno corazón de Las Hurdes. En este paraje se encuentran 56 tejos de más de 3 metros de altura conocidos como los Tejos del Cerezal que han sido declarados Árboles Singulares

    Cómo llegar
    Pasado al alquería El Cerezal, entrando a mano izquierda, te desvías hasta la Presa del Arrocerezal. Cruzamos el puente que hay en la presa y puedes continuar con el coche ascendiendo por el camino que lleva hasta el comienzo de la ruta, señalizada con un cartel grande que pone “Verea del Correo”. Para acceder hasta ellos hay que llegar a lo alto de La Garganta del Arroyo y se llega a ellos a través de un precioso sendero en el bosque pero de complicado acceso en su último tramo. Otra forma de conocerlos es desde el Mirador de los Tejos. .Esta reliquia botánica fue el primer espacio protegido de Las Hurdes desde el año 1999, fecha en la que el paraje fue dotado de una Area Periférica de Protección que ocupa una superficie de 13 hectáreas.

    Características
    Árbol pequeño, de entre 6 a 12 metros de alto , el tejo crece generalmente de manera aislada o dispersa, buscando el amparo de otros bosques. Como curiosidad, el tejo se considera una especie venenosa para el hombre, condición que ya fue aprovechada por los prerromanos. Según recogen algunas fuentes, algunos de estos pueblos utilizaban las semillas del tejo para ser ingeridas en caso de que sus soldados fueran capturados por las tropas romanas.