Miel de oro

La apicultura se puede considerar un oficio tradicional en Las Hurdes. La variada flora de la zona se convierte en fuente valiosa de alimentos para las abejas de la comarca. Eucaliptos, encinas, brezos, pino, tomillo u otros árboles o plantas son la base para elaborar Miel, Polén y Cera.

El apicultor 
El apicultor recoge los panales de las colmenas quitando, de modo tradicional la cera que sella las celdas y extrae la miel que hay en ellas. El producto llega al consumidor sin ningún tipo de aditivo o conservante. Miel multiflores o monofloral, rica en potasio, fósforo, oligoelementos, vitaminas y enzimas con una importante acción antibiótica. Es utilizada desde hace siglos para curar heridas, tratar afecciones cutáneas y cosméticas, con reconocidas propiedades para el tratamiento de problemas respiratorios, gastrointestinales, hepáticos, renales...

El polen
Al igual que ocurre con la miel, pero con menos tradición, los apicultores recogen el polen de las colmenas que se presenta en forma de polvo muy fino guardado en los sacos polínicos. Las abejas recogen el polen y lo depositan en las celdas para proporcionarse alimentos es “el pan de las abejas”.Los apicultores lo recolectan usando unas trampillas que sitúan a la entrada de las colmenas conocidas como “cazapolén”. Con el fin de de no desabastecer a la colmena y con la idea de que la abeja no fabrique granos más pequeños, el cazapolén se utiliza en semanas alternas.

La cera
La cera, que sólo fabrican las abejas obreras, constituye el esqueleto del panal . Químicamente estable, la cera que forma los panales, resiste la oxidación natural no perdiendo sus propiedades con el tiempo y es insoluble en agua. Desde hace muchos siglos, el hombre ha usado la cera de abeja para iluminación, para ungüentos médicos, como moldes de estatuas, tablillas para escritura, para la protección del cuero e incluso para calafatear barcos de madera.